
Grado I — Dependencia moderada (necesidades de apoyo intermitentes o puntuales)
Qué significa en la vida diaria
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Una persona con dependencia moderada conserva la mayor parte de sus capacidades para realizar la vida cotidiana, pero presenta dificultades recurrentes en algunas actividades básicas o instrumentales que requieren ayuda puntual.
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Las dificultades suelen ser parciales: puede necesitar supervisión, recordatorio o apoyo para tareas concretas (por ejemplo, aseo parcial, vestirse cuando hay prendas complicadas, gestión de medicación puntual, ir de compras con supervisión).
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Suele ser capaz de moverse de forma relativamente autónoma pero puede fatigarse o tener limitaciones ocasionales que requieren ayuda.
Necesidades típicas y ejemplos
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Apoyos intermitentes o de baja intensidad: visitas de acompañamiento (por ejemplo, para trámites), supervisión para la toma de medicación, ayuda para actividades domésticas puntuales, apoyo en desplazamientos esporádicos.
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Ejemplo: una persona mayor con movilidad reducida que necesita ayuda para la compra mensual y para acudir al médico, pero que realiza la higiene y la alimentación de forma independiente la mayor parte del tiempo.
Implicaciones para la intervención profesional
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Plan de intervención centrado en la promoción de la autonomía y prevención del deterioro: entrenamiento en estrategias compensatorias, adaptación del hogar (pequeñas medidas), formación en autocuidados y uso de ayudas técnicas sencillas.
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Trabajo con la red informal: formación breve a familiares sobre supervisión, señales de agravamiento y estrategias de apoyo respetuoso.
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Intervención educativa y preventiva: diseño de rutinas, calendarios visuales, recordatorios para medicación, sesiones de rehabilitación o fisioterapia de mantenimiento.
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Monitorización y revisión periódica: controles cada cierto tiempo para detectar empeoramiento y evitar crisis.
Objetivos profesionales prioritarios
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Mantener e incrementar la independencia en las AIVD (gestión del hogar, compras, mediar en pagos).
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Favorecer la continuidad de la vida comunitaria evitando institucionalizaciones prematuras.
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Fortalecer competencialmente a la persona con intervenciones de “baja intensidad pero frecuentes” en formato grupal o individual.
Rutas de acceso a prestaciones (ejemplo práctico)
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Acceso a servicios de ayuda a domicilio de baja intensidad, prestaciones económicas para cuidados puntuales, programas de teleasistencia para vigilancia leve.
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En el marco normativo, la intervención se orienta a medidas que eviten el avance a grados superiores (1).
Señales de alarma y cuándo intensificar la intervención
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Aumento de las caídas, descuido de la higiene, olvidos en medicación, aislamiento progresivo o aparición de problemas de salud no atendidos. En estos casos hay que plantear reevaluación para evitar pasar a Grado II.

Grado II — Dependencia severa (apoyos frecuentes y programados)
Qué significa en la vida diaria
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La persona presenta limitaciones importantes en varias actividades básicas o instrumentales que requieren ayuda regular y planificada, aunque no necesariamente continua.
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Suele requerir asistencia para la mayoría de ABVD y AIVD: ayuda en el aseo completo, vestir, movilidad dentro del hogar, preparación de comidas o gestión continua de la medicación.
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La autonomía es parcial: puede conservar capacidad para decidir en ciertos ámbitos, pero necesita apoyos recurrentes para mantener su higiene, seguridad y participación social.
Necesidades típicas y ejemplos
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Apoyos diarios o varias veces al día: atención para el baño, ayuda en el traslado (cama-silla), supervisión continua durante gran parte del día, apoyo para la compra y la gestión económica.
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Ejemplo: una persona con secuelas neurológicas que requiere asistencia para el aseo matinal y vespertino, ayuda para vestirse, preparación de comidas y apoyo para movilizarse dentro de casa, sin precisar apoyo 24 h.
Implicaciones para la intervención profesional
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Intervención multidisciplinar más intensa: coordinación entre trabajador social, fisioterapia, terapia ocupacional, enfermería y equipo médico.
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Diseño de un Plan de Atención Individualizado (PAI) con objetivos concretos, horarios de apoyo y estrategias de rehabilitación funcional.
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Formación a la red social y familiar para cuidados técnicos (transferencias seguras, manejo de ayudas técnicas) y prevención de sobrecarga.
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Evaluación de recurso residencial vs. domiciliario: priorizar mantener a la persona en su entorno si las condiciones de apoyo permiten una vida digna y segura.
Objetivos profesionales prioritarios
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Mantener el máximo nivel de autonomía posible mediante rehabilitación y entrenamiento en habilidades residuales.
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Prevenir complicaciones secundarias (úlceras por presión, caídas, deterioro muscular).
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Asegurar la calidad de los apoyos: técnica de movilizaciones, adherencia terapéutica, control de dolor y confort.
Servicios y prestaciones habituales
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Servicios de ayuda a domicilio con atención diaria, teleasistencia avanzada, prestaciones para adaptaciones domésticas (instalación de barras, grúas), ayudas técnicas (ortesis, grúas, sillones adaptados), y, si procede, prestaciones económicas para cuidadores.
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Apoyo psicológico para la persona y la familia para gestionar el estrés del cuidado y la pérdida funcional.
Consideraciones éticas y de derechos
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Preservar la autonomía decisional: implicar a la persona en decisiones sobre su vida (horarios de ayuda, preferencias personales).
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Evitar paternalismos: la ayuda no debe convertir en pasiva a la persona; debe facilitar elección y dignidad.
Indicadores de evolución y revisión
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Reevaluaciones periódicas del PAI: revisar frecuencias, ajustar recursos, valorar si se precisa pasar a intervenciones de mayor intensidad o, por el contrario, si la persona recupera capacidades.

Grado III — Gran dependencia (apoyos constantes, generalizados y/o intensivos)
Qué significa en la vida diaria
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La persona requiere ayuda continua y en muchas ocasiones dependiente de terceros para la mayoría o la totalidad de las actividades básicas. Puede existir pérdida severa de movilidad, capacidades cognitivas o sensoriales que imposibilitan la realización autónoma de la vida diaria.
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Es frecuente la necesidad de apoyo 24 horas para garantizar la seguridad, el mantenimiento de la higiene, la nutrición y la prevención de complicaciones médicas.
Necesidades típicas y ejemplos
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Apoyos constantes: movilidad asistida permanente, alimentación asistida, cuidados complejos (cambios posturales cada ciertas horas, manejo de sondas, ventilación asistida en casos muy graves).
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Apoyo en la toma de decisiones frecuentes y en situaciones de crisis: la persona puede precisar representantes o apoyos sustitutivos según capacidad jurídica, siempre respetando la voluntad y preferencias cuando sea posible.
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Ejemplo: una persona con deterioro cognitivo avanzado o con dependencia física total que necesita ayuda para la higiene, alimentación, movilización y vigilancia permanente.
Implicaciones para la intervención profesional
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Atención integral y continua que combina cuidados sanitarios y sociales: coordinación estrecha con servicios sanitarios (atención primaria, especialistas), equipos de cuidados paliativos si procede, personal de enfermería, auxiliares y trabajadores sociales.
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Elaboración de planes de cuidado detallados que incluyan gestión del dolor, prevención de úlceras, cuidados respiratorios, aspectos nutricionales y planificación anticipada de decisiones.
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Evaluación de la carga familiar y alternativas de cuidado (respiro, plazas residenciales, centros de día con alta intensidad) para evitar colapsos en el entorno informal.
Objetivos profesionales prioritarios
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Garantizar la dignidad, confort y seguridad del usuario.
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Minimizar el sufrimiento y las complicaciones físicas mediante cuidados preventivos y específicos.
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Proveer apoyo emocional y psicossocial a la familia y al cuidador principal.
Servicios y prestaciones habituales
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Altas prestaciones: plazas residenciales si el mantenimiento domiciliario no es viable, cuidados domiciliarios intensivos, telemonitorización avanzada, servicios de enfermería domiciliaria, equipos de atención continuada.
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Prestaciones económicas por cuidados de larga duración y programas de soporte para cuidadores profesionales.
Consideraciones éticas y legales
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Protección de derechos y toma de decisiones: en gran dependencia puede requerirse un especial cuidado en la defensa de la autonomía residual, la evaluación de capacidad y, si procede, medidas de apoyo para la toma de decisiones.
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Planificación anticipada de decisiones y documentos de voluntades anticipadas son recursos relevantes para respetar la dignidad del usuario.
Riesgos y recomendaciones clave
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Riesgo elevado de institucionalización si no hay apoyos adecuados. El objetivo profesional es diseñar respuestas que respeten la vida en el entorno habitual cuando sea posible y salvaguarden la calidad de vida.
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Atención especial a la prevención del agotamiento del cuidador: programas de respiro, intervenciones psicológicas y apoyo profesional.
Aspectos comunes a los tres grados y cómo articular la intervención profesional
Valoración inicial y reevaluación periódica
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La precisión en la valoración es clave: una evaluación multidimensional (física, cognitiva, emocional, social y ambiental) permite asignar adecuadamente el grado y los apoyos.
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Es esencial establecer mecanismos de reevaluación regulares o ante cualquier cambio relevante (hospitalización, caída, pérdida de red social).
Personalización y enfoque centrado en la persona
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Independientemente del grado, la intervención debe ser personalizada: identificar deseos, rutinas y proyectos de vida, respetando la autodeterminación y priorizando objetivos significativos para la persona.
Coordinación interinstitucional y trabajo en red
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La gestión eficaz requiere coordinación entre servicios sociales, sanitarios, ONG, recursos comunitarios y la propia familia. El profesional de integración social actúa como mediador y coordinador para articular recursos.
Prevención y rehabilitación como ejes transversales
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Muchas intervenciones en Grado I y II pueden retrasar o evitar progresiones hacia grados superiores. Programas de ejercicio, estimulación cognitiva, terapia ocupacional y adaptación del entorno son inversiones a medio-largo plazo.
Documentación, planificación y consentimiento
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Mantener documentación actualizada (planes de atención, consentimientos, registros de intervención) facilita continuidad y calidad.
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Respetar siempre el consentimiento informado y registrar las decisiones del usuario.
Evaluación de la calidad y resultados
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Medir resultados: nivel de satisfacción del usuario, mantenimiento o mejora de capacidades funcionales, reducción de hospitalizaciones y calidad de vida son indicadores a considerar.

Pequeños casos ilustrativos (para clarificar)
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Grado I (moderada): María, 72 años, vive sola. Tiene artrosis que le dificulta la marcha y necesita ayuda para las compras y apoyo para preparar comidas algunas veces por semana. Tiene apoyo familiar puntual y teleasistencia. Intervención: terapia ocupacional para conservar movilidad, plan de ejercicios y pequeña adaptación en su baño. Objetivo: evitar progresión y mantener vida comunitaria.
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Grado II (severa): Juan, 58 años, con secuelas de un ictus. Requiere ayuda para el aseo, vestirse y movilización en casa varias veces al día. Intervención: PAI con fisioterapia, asistencia domiciliaria diaria, adaptación del hogar y formación a los cuidadores. Objetivo: recuperar funcionalidades y reducir complicaciones.
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Grado III (gran dependencia): Carmen, 84 años, con demencia avanzada. Necesita apoyo 24 h para la alimentación, higiene y movilización. Intervención: cuidados integrales con enfermería, valorar plaza residencial o atención domiciliaria intensiva, apoyo a la familia y planificación anticipada. Objetivo: asegurar bienestar, dignidad y apoyo a cuidadores.