La conducta – Joel Rosier Del Aguila

La conducta constituye un elemento central en las personas. Comprender cómo se origina, cómo se mantiene y de qué manera puede modificarse resulta imprescindible para acompañar a las personas en su desarrollo personal. Desde esta perspectiva, el análisis de los estímulos, los componentes de la conducta y sus diferentes tipologías permite al profesional interpretar las respuestas humanas no como hechos aislados, sino como el resultado de interacciones complejas entre la persona y su entorno (1).

La conducta puede definirse como un patrón relativamente estable de comportamiento que se manifiesta a lo largo del tiempo. No se trata únicamente de una acción puntual, sino de una forma habitual de responder ante determinadas situaciones. Toda conducta está precedida por uno o varios estímulos, que pueden ser internos o externos. Los estímulos internos proceden del propio organismo y pueden ser de naturaleza fisiológica, como el hambre, el cansancio o el dolor, o psicológica, como la ansiedad, la tristeza o la motivación. Por ejemplo, una persona puede mostrarse irritable debido al cansancio acumulado tras una jornada laboral intensa. En cambio, los estímulos externos provienen del entorno y pueden incluir ruidos, normas sociales, interacciones con otras personas o cambios en el contexto físico, como un aula ruidosa o una situación de conflicto familiar.

Desde el enfoque cognitivo-conductual, no es el estímulo en sí mismo el que determina la conducta, sino la interpretación que la persona hace de dicho estímulo. Así, ante una crítica externa, una persona puede reaccionar de forma defensiva si interpreta el comentario como un ataque personal, o de forma constructiva si lo percibe como una oportunidad de mejora. Esta interpretación cognitiva condiciona tanto la respuesta emocional como la conducta observable.

La conducta se compone de tres elementos interrelacionados: el componente conductual, el fisiológico y el cognitivo. El componente conductual hace referencia a la respuesta motora u observable, es decir, lo que la persona hace de manera visible. Por ejemplo, levantar la voz o abandonar una sala. El componente fisiológico incluye las respuestas del organismo, como el aumento del ritmo cardíaco, la tensión muscular o la sudoración. Finalmente, el componente cognitivo engloba los pensamientos, creencias y valoraciones que la persona elabora ante una situación. En un contexto educativo, un alumno que evita participar en clase puede experimentar pensamientos de incapacidad, sensaciones físicas de nerviosismo y una conducta de evitación. La intervención socioeducativa debe tener en cuenta los tres componentes, ya que actuar únicamente sobre la conducta sin modificar los pensamientos subyacentes suele generar cambios poco duraderos.

Las conductas también pueden clasificarse según sus consecuencias en adecuadas o inadecuadas. Las conductas adecuadas son aquellas que favorecen la adaptación de la persona a su entorno y generan consecuencias positivas tanto a nivel personal como social. Un ejemplo sería pedir ayuda cuando se necesita o respetar los turnos de palabra en una conversación. Por el contrario, las conductas inadecuadas son aquellas que provocan consecuencias negativas, como conflictos, rechazo social o sanciones. Insultar a un compañero o negarse sistemáticamente a cumplir normas básicas son ejemplos de conductas que requieren intervención. Desde la teoría del aprendizaje, estas conductas se mantienen o extinguen en función de las consecuencias que generan, por lo que el uso de refuerzos positivos resulta clave para fomentar comportamientos adaptativos.

Atendiendo al grado de elaboración de la respuesta, se distinguen conductas estereotipadas, aprendidas y complejas. Las conductas estereotipadas son respuestas automáticas, repetitivas y poco flexibles, que suelen aparecer de forma refleja o mecánica. Un ejemplo sería balancearse de forma repetitiva en situaciones de ansiedad. Las conductas aprendidas, en cambio, se adquieren a través de la experiencia y la repetición, como lavarse las manos antes de comer o respetar un horario. Estas conductas pueden modificarse mediante nuevos aprendizajes. Por último, las conductas complejas implican razonamiento, planificación y toma de decisiones. Resolver un conflicto mediante el diálogo o planificar una actividad diaria son ejemplos de este tipo de conducta. En integración social, trabajar sobre conductas complejas favorece la autonomía y la capacidad de autorregulación de la persona.

Otra clasificación relevante es la que atiende a la forma de manifestación de la conducta en la interacción social. Las conductas agresivas se caracterizan por la imposición de los propios intereses mediante la violencia física, verbal o psicológica. Por ejemplo, gritar para imponer una opinión o empujar a otra persona. Las conductas pasivas, por el contrario, implican la inhibición de los propios derechos y necesidades, priorizando siempre los de los demás. Un ejemplo sería aceptar decisiones injustas sin expresar desacuerdo. La conducta asertiva representa un punto de equilibrio, ya que permite expresar opiniones, emociones y necesidades de forma clara y respetuosa. Decir “no” sin agresividad o pedir un cambio de manera educada son ejemplos de asertividad. Desde la integración social, el entrenamiento en habilidades asertivas es una herramienta fundamental para mejorar la convivencia y la autoestima.

Desde un enfoque cognitivo-conductual y basado en la teoría del aprendizaje, la conducta se entiende como un fenómeno aprendido y, por tanto, modificable. A través del refuerzo positivo, el modelado y la reestructuración cognitiva, es posible promover conductas adaptativas y reducir aquellas que generan malestar o exclusión. Este enfoque resulta especialmente útil en contextos de promoción de la autonomía personal, ya que permite a la persona tomar conciencia de sus patrones de conducta y desarrollar estrategias más eficaces para afrontar las demandas del entorno (2).

Referencias

(1) Manuales de Psicología de la Conducta y Modificación de Conducta.
(2) Psicología cognitivo-conductual aplicada a la intervención social.(1) Enciclopedia Concepto. Conducta: qué es, tipos y qué es la psicología conductista. [https://concepto.de/conducta/] (consultado 2025).
(2) MedlinePlus. Estímulo (Enciclopedia Médica). Institutos Nacionales de Salud (EE.UU.), revisión 1/1/2025 [https://medlineplus.gov/spanish/ency/article/002309.htm].