Grados de dependencia – Joel Rosier Del Aguila

Grado I — Dependencia moderada (necesidades de apoyo intermitentes o puntuales)

Qué significa en la vida diaria

  • Una persona con dependencia moderada conserva la mayor parte de sus capacidades para realizar la vida cotidiana, pero presenta dificultades recurrentes en algunas actividades básicas o instrumentales que requieren ayuda puntual.

  • Las dificultades suelen ser parciales: puede necesitar supervisión, recordatorio o apoyo para tareas concretas (por ejemplo, aseo parcial, vestirse cuando hay prendas complicadas, gestión de medicación puntual, ir de compras con supervisión).

  • Suele ser capaz de moverse de forma relativamente autónoma pero puede fatigarse o tener limitaciones ocasionales que requieren ayuda.

Necesidades típicas y ejemplos

  • Apoyos intermitentes o de baja intensidad: visitas de acompañamiento (por ejemplo, para trámites), supervisión para la toma de medicación, ayuda para actividades domésticas puntuales, apoyo en desplazamientos esporádicos.

  • Ejemplo: una persona mayor con movilidad reducida que necesita ayuda para la compra mensual y para acudir al médico, pero que realiza la higiene y la alimentación de forma independiente la mayor parte del tiempo.

Implicaciones para la intervención profesional

  • Plan de intervención centrado en la promoción de la autonomía y prevención del deterioro: entrenamiento en estrategias compensatorias, adaptación del hogar (pequeñas medidas), formación en autocuidados y uso de ayudas técnicas sencillas.

  • Trabajo con la red informal: formación breve a familiares sobre supervisión, señales de agravamiento y estrategias de apoyo respetuoso.

  • Intervención educativa y preventiva: diseño de rutinas, calendarios visuales, recordatorios para medicación, sesiones de rehabilitación o fisioterapia de mantenimiento.

  • Monitorización y revisión periódica: controles cada cierto tiempo para detectar empeoramiento y evitar crisis.

Objetivos profesionales prioritarios

  • Mantener e incrementar la independencia en las AIVD (gestión del hogar, compras, mediar en pagos).

  • Favorecer la continuidad de la vida comunitaria evitando institucionalizaciones prematuras.

  • Fortalecer competencialmente a la persona con intervenciones de “baja intensidad pero frecuentes” en formato grupal o individual.

Rutas de acceso a prestaciones (ejemplo práctico)

  • Acceso a servicios de ayuda a domicilio de baja intensidad, prestaciones económicas para cuidados puntuales, programas de teleasistencia para vigilancia leve.

  • En el marco normativo, la intervención se orienta a medidas que eviten el avance a grados superiores (1).

Señales de alarma y cuándo intensificar la intervención

  • Aumento de las caídas, descuido de la higiene, olvidos en medicación, aislamiento progresivo o aparición de problemas de salud no atendidos. En estos casos hay que plantear reevaluación para evitar pasar a Grado II.


Grado II — Dependencia severa (apoyos frecuentes y programados)

Qué significa en la vida diaria

  • La persona presenta limitaciones importantes en varias actividades básicas o instrumentales que requieren ayuda regular y planificada, aunque no necesariamente continua.

  • Suele requerir asistencia para la mayoría de ABVD y AIVD: ayuda en el aseo completo, vestir, movilidad dentro del hogar, preparación de comidas o gestión continua de la medicación.

  • La autonomía es parcial: puede conservar capacidad para decidir en ciertos ámbitos, pero necesita apoyos recurrentes para mantener su higiene, seguridad y participación social.

Necesidades típicas y ejemplos

  • Apoyos diarios o varias veces al día: atención para el baño, ayuda en el traslado (cama-silla), supervisión continua durante gran parte del día, apoyo para la compra y la gestión económica.

  • Ejemplo: una persona con secuelas neurológicas que requiere asistencia para el aseo matinal y vespertino, ayuda para vestirse, preparación de comidas y apoyo para movilizarse dentro de casa, sin precisar apoyo 24 h.

Implicaciones para la intervención profesional

  • Intervención multidisciplinar más intensa: coordinación entre trabajador social, fisioterapia, terapia ocupacional, enfermería y equipo médico.

  • Diseño de un Plan de Atención Individualizado (PAI) con objetivos concretos, horarios de apoyo y estrategias de rehabilitación funcional.

  • Formación a la red social y familiar para cuidados técnicos (transferencias seguras, manejo de ayudas técnicas) y prevención de sobrecarga.

  • Evaluación de recurso residencial vs. domiciliario: priorizar mantener a la persona en su entorno si las condiciones de apoyo permiten una vida digna y segura.

Objetivos profesionales prioritarios

  • Mantener el máximo nivel de autonomía posible mediante rehabilitación y entrenamiento en habilidades residuales.

  • Prevenir complicaciones secundarias (úlceras por presión, caídas, deterioro muscular).

  • Asegurar la calidad de los apoyos: técnica de movilizaciones, adherencia terapéutica, control de dolor y confort.

Servicios y prestaciones habituales

  • Servicios de ayuda a domicilio con atención diaria, teleasistencia avanzada, prestaciones para adaptaciones domésticas (instalación de barras, grúas), ayudas técnicas (ortesis, grúas, sillones adaptados), y, si procede, prestaciones económicas para cuidadores.

  • Apoyo psicológico para la persona y la familia para gestionar el estrés del cuidado y la pérdida funcional.

Consideraciones éticas y de derechos

  • Preservar la autonomía decisional: implicar a la persona en decisiones sobre su vida (horarios de ayuda, preferencias personales).

  • Evitar paternalismos: la ayuda no debe convertir en pasiva a la persona; debe facilitar elección y dignidad.

Indicadores de evolución y revisión

  • Reevaluaciones periódicas del PAI: revisar frecuencias, ajustar recursos, valorar si se precisa pasar a intervenciones de mayor intensidad o, por el contrario, si la persona recupera capacidades.


Grado III — Gran dependencia (apoyos constantes, generalizados y/o intensivos)

Qué significa en la vida diaria

  • La persona requiere ayuda continua y en muchas ocasiones dependiente de terceros para la mayoría o la totalidad de las actividades básicas. Puede existir pérdida severa de movilidad, capacidades cognitivas o sensoriales que imposibilitan la realización autónoma de la vida diaria.

  • Es frecuente la necesidad de apoyo 24 horas para garantizar la seguridad, el mantenimiento de la higiene, la nutrición y la prevención de complicaciones médicas.

Necesidades típicas y ejemplos

  • Apoyos constantes: movilidad asistida permanente, alimentación asistida, cuidados complejos (cambios posturales cada ciertas horas, manejo de sondas, ventilación asistida en casos muy graves).

  • Apoyo en la toma de decisiones frecuentes y en situaciones de crisis: la persona puede precisar representantes o apoyos sustitutivos según capacidad jurídica, siempre respetando la voluntad y preferencias cuando sea posible.

  • Ejemplo: una persona con deterioro cognitivo avanzado o con dependencia física total que necesita ayuda para la higiene, alimentación, movilización y vigilancia permanente.

Implicaciones para la intervención profesional

  • Atención integral y continua que combina cuidados sanitarios y sociales: coordinación estrecha con servicios sanitarios (atención primaria, especialistas), equipos de cuidados paliativos si procede, personal de enfermería, auxiliares y trabajadores sociales.

  • Elaboración de planes de cuidado detallados que incluyan gestión del dolor, prevención de úlceras, cuidados respiratorios, aspectos nutricionales y planificación anticipada de decisiones.

  • Evaluación de la carga familiar y alternativas de cuidado (respiro, plazas residenciales, centros de día con alta intensidad) para evitar colapsos en el entorno informal.

Objetivos profesionales prioritarios

  • Garantizar la dignidad, confort y seguridad del usuario.

  • Minimizar el sufrimiento y las complicaciones físicas mediante cuidados preventivos y específicos.

  • Proveer apoyo emocional y psicossocial a la familia y al cuidador principal.

Servicios y prestaciones habituales

  • Altas prestaciones: plazas residenciales si el mantenimiento domiciliario no es viable, cuidados domiciliarios intensivos, telemonitorización avanzada, servicios de enfermería domiciliaria, equipos de atención continuada.

  • Prestaciones económicas por cuidados de larga duración y programas de soporte para cuidadores profesionales.

Consideraciones éticas y legales

  • Protección de derechos y toma de decisiones: en gran dependencia puede requerirse un especial cuidado en la defensa de la autonomía residual, la evaluación de capacidad y, si procede, medidas de apoyo para la toma de decisiones.

  • Planificación anticipada de decisiones y documentos de voluntades anticipadas son recursos relevantes para respetar la dignidad del usuario.

Riesgos y recomendaciones clave

  • Riesgo elevado de institucionalización si no hay apoyos adecuados. El objetivo profesional es diseñar respuestas que respeten la vida en el entorno habitual cuando sea posible y salvaguarden la calidad de vida.

  • Atención especial a la prevención del agotamiento del cuidador: programas de respiro, intervenciones psicológicas y apoyo profesional.


Aspectos comunes a los tres grados y cómo articular la intervención profesional

Valoración inicial y reevaluación periódica

  • La precisión en la valoración es clave: una evaluación multidimensional (física, cognitiva, emocional, social y ambiental) permite asignar adecuadamente el grado y los apoyos.

  • Es esencial establecer mecanismos de reevaluación regulares o ante cualquier cambio relevante (hospitalización, caída, pérdida de red social).

Personalización y enfoque centrado en la persona

  • Independientemente del grado, la intervención debe ser personalizada: identificar deseos, rutinas y proyectos de vida, respetando la autodeterminación y priorizando objetivos significativos para la persona.

Coordinación interinstitucional y trabajo en red

  • La gestión eficaz requiere coordinación entre servicios sociales, sanitarios, ONG, recursos comunitarios y la propia familia. El profesional de integración social actúa como mediador y coordinador para articular recursos.

Prevención y rehabilitación como ejes transversales

  • Muchas intervenciones en Grado I y II pueden retrasar o evitar progresiones hacia grados superiores. Programas de ejercicio, estimulación cognitiva, terapia ocupacional y adaptación del entorno son inversiones a medio-largo plazo.

Documentación, planificación y consentimiento

  • Mantener documentación actualizada (planes de atención, consentimientos, registros de intervención) facilita continuidad y calidad.

  • Respetar siempre el consentimiento informado y registrar las decisiones del usuario.

Evaluación de la calidad y resultados

  • Medir resultados: nivel de satisfacción del usuario, mantenimiento o mejora de capacidades funcionales, reducción de hospitalizaciones y calidad de vida son indicadores a considerar.


Pequeños casos ilustrativos (para clarificar)

  1. Grado I (moderada): María, 72 años, vive sola. Tiene artrosis que le dificulta la marcha y necesita ayuda para las compras y apoyo para preparar comidas algunas veces por semana. Tiene apoyo familiar puntual y teleasistencia. Intervención: terapia ocupacional para conservar movilidad, plan de ejercicios y pequeña adaptación en su baño. Objetivo: evitar progresión y mantener vida comunitaria.

  2. Grado II (severa): Juan, 58 años, con secuelas de un ictus. Requiere ayuda para el aseo, vestirse y movilización en casa varias veces al día. Intervención: PAI con fisioterapia, asistencia domiciliaria diaria, adaptación del hogar y formación a los cuidadores. Objetivo: recuperar funcionalidades y reducir complicaciones.

  3. Grado III (gran dependencia): Carmen, 84 años, con demencia avanzada. Necesita apoyo 24 h para la alimentación, higiene y movilización. Intervención: cuidados integrales con enfermería, valorar plaza residencial o atención domiciliaria intensiva, apoyo a la familia y planificación anticipada. Objetivo: asegurar bienestar, dignidad y apoyo a cuidadores.